Una reacción inicial al incremento del salario mínimo muy por sobre la inflación:
Es cierto que la inflación es una lucha distributiva. Los agentes económicos que pueden recomponer de forma más rápida los precios de sus productos y servicios, pierden menos y aún pueden ganar, mientras los demás pierden. Como los salarios solo se recomponen anualmente, en el actual caso de Colombia, pues son perdedores, en el mediano y largo plazos. Igual los arrendadores y todos los contratos anualizados. Por eso, cuando la inflación se dispara (a hiperinflación), como ocurrió en el Cono Sur en los años 70, 80 y aún 90, los contratos se indexaron y se renovaron mensualmente y aún semanalmente. En el caso extremo de hiperinflación, las tasas de interés se pactan de forma flexible: la inflación de la semana anterior más un proxi de la inflación esperada para la semana siguiente. Yo estudié en Argentina y en Brasil cuando esas hiperinflaciones. Los precios se remarcaban dos veces al día en los supermercados. El trabajador debía gastar el salario todo en la mañana que le pagaban, porque en la tarde podía perder el 10% de su ingreso real. En esas condiciones, los empresarios no pueden estimar los costos futuros de los salarios a pagar ni del capital a tomar como crédito. Así, al final los precios no se relacionan con los costos de producción sino con las EXPECTATIVAS de inflación. La inversión se reduce únicamente a la especulativa. Léase, inversión financiera. Se agudiza la lucha por la distribución de la pobreza, no de valor alguno nuevo, a crear. Es la locura. En ese momento se cayeron las dictaduras, todas, del Cono Sur. Ni la Invasión a la Malvinas pudo detener la caída de la Junta Militar en Argentina… etcétera.
Digo lo anterior, no para afirmar que la decisión del Gobierno conduzca a hiperinflación, sino para demostrar que la inflación sí es una lucha distributiva, como lo demuestran la teoría y práctica histórica.
De otro lado, en condiciones de inflación moderada, la lucha distributiva se mantiene, regulada por las condiciones institucionales vigentes: leyes, capacidad de negociación sindical, nivel de desempleo (si es reducido el desempleo, la capacidad de recuperar parte del ingreso nacional es mayor, por el lado de los trabajadores), ganancias en productividad. En esas condiciones el nivel de precios no es determinado por la oferta y la demanda, de forma exclusiva, como afirman los neoclásicos. Esto porque NUNCA el mercado es de libre competencia, que es el supuesto “fajuto” de esta escuela. Cada sector de la economía, y cada empresa, fija el precio como una proxi de sus costos de producción más un margen (K) que mide el nivel de monopolio de la industria y/o la empresa. Ese K puede ser aún negativo, es decir, las empresas pueden vender por debajo del costo, temporalmente, para quebrar a sus competidores, y luego establecer “sus” condiciones de mercado, que no son solo de precios sino de marca, tecnología, diseño, etcétera.
Si el precio fuera la resultante solo de la demanda (y de la oferta, claro), y además no existieran MONOPOLIOS y OLIGOPOLIOS que fijan el precio como una estrategia de mercado (de competencia), pues sería totalmente cierto que el aumento de la demanda por aumento del salario nominal (legal), se traduciría mecánicamente en aumento del nivel de precios en una proporción muy cercana al nuevo costo del salario mínimo. Repito: si y solo si el mercado no fuera conducido por oligopolios.
La pregunta muy válida de la nueva economista Delcy, a quien gradúo como tal hoy (soy profesor de Economía y fui vicedecano en La Nacho, para algo debe servir eso), es: ¿hacia dónde se irá la demanda agregada de los trabajadores que tienen ahora incrementado su ingreso monetario?
La propensión marginal a ahorrar de los trabajadores es muy baja, justo porque el salario anterior no cubre el mínimo vital. No es fácil que reasignen el incremento a vivienda y pensión, si no se crean desde el Estado las condiciones favorables para captar esos recursos. Pero el sector privado puede allí hacer un trabajo interesante, si las tasas de interés no las sube el Banco de la República, como seguramente lo pedirá el Partido de los Economistas Neoliberales. Una parte importante se irá en demanda de bienes importados (de China y aún desde Estados Unidos), aprovechando el bajo nivel del dólar. Esa parte no creará inflación, pero tampoco empleo, como es obvio.
Si existiera capacidad ociosa en la industria y en el sector servicios, de producción nacional, que van a recibir la nueva demanda, los empresarios pueden leen esta coyuntura como una oportunidad para crecer. En ese caso, el aumento de precios sería razonablemente minimizado. Pero también las empresas monopólicas y oligopólicas, pueden aprovechar, no para suplir la demanda sino para aumentar márgenes de ganancias. Eso sería inflacionario.
Parece que el sector agropecuario está más disponible para atender la nueva demanda, dada la acertada política adelantada por este Gobierno en el sector.
En suma, no es posible, conforme a la teoría económica heterodoxa, predecir con certeza el verdadero impacto sobre los precios del aumento en el salario mínimo. Una parte de la demanda se fuga hacia el exterior (bienes y servicios importados, disponibles en el mercado externo); otra a bienes agrícolas sin mucho impacto en la inflación y con mejoras en el empleo; pero otra parte puede ser aprovechada por la estructura de mercado oligopólica para captar rentas y, eventualmente, sin generar empleo; finalmente, si el Estado opera sobre la vivienda, y el Banco de la República baja tasas de interés, habría un efecto positivo en el empleo a mediano plazo.
En los sectores de la pequeña y mediana empresa, de bienes y servicios, donde hay más competencia de mercado, sí es posible que en un primer momento las empresas que estén operando al borde del equilibrio, decidan reducir la nómina porque no pueden repasar los nuevos costos laborales a los precios, repito, por la alta competencia. Algunas empresas tendrán que innovar, sustituyendo trabajadores por tecnología, si tienen margen de inversión. Por ejemplo, algunos conjuntos residenciales reemplazarán celadores por cámaras, etcétera. Este proceso es en todo caso inevitable, dada la IA, pero no es el tema de hoy.
En todo caso, más allá de los riesgos, tensiones y oportunidades que abre la decisión del presidente Petro de subir de forma inesperada y sorprendente el salario nominal (al aumento del salario mínimo seguirá el aumento en los otros salarios, aunque no necesariamente en la misma proporción), en todo caso la campaña electoral del 2026 girará ahora en torno a la intervención de Estados Unidos en Venezuela y sobre la consistencia de la política económica redistributiva por decreto. Así nos recibe el nuevo año.
Saludos para todos y todas.


