BIO-GRAFÍA DE KAY-SER
Yo nací en el 53, como dice la canción de Ana Belén: el mismo año en que por fortuna murió Stalin. Soy de la Amazonia, más en concreto del Caquetá, pero la Fe de Bautismo dice que nací por error en una vereda que se disputaban los indios coyaimas y natagaimas en el Tolima grande y las guerras de siempre. Supe que me llamaba Jorge y que provenía de fuera del Caquetá cundo debí obtener por primera vez mi registro civil para inscribirme en un colegio de la ciudad, a cursar quinto de primaria. Hasta entonces mi maestra rural me llamó Reinel, de Morelia Caquetá. Y mi maestra era mi mamá.
Mis padres (Herminzo y Doris) llegaron como colonos al Caquetá, expulsados por la violencia de los años cincuenta. Toda mi infancia viví con las historias soñadas de sus amigos muertos. Pero el Caquetá entonces era un remanso de paz y de fertilidad. Los únicos muertos que recé murieron calcinados por los rayos o por las descargas eléctricas de los peces largos llamados “temblones” en los remansos de los ríos. Pasé cincuenta años de vida quitándome de la conciencia los temores a las almas de los muertos de la violencia, de los rayos y los temblones. Sólo escribiendo he podido exorcizar a medias los traumas de mi infancia rezandera.
Después vino la alegría de vivir. Los hermanos cristianos lasallistas, el servicio militar en el Batallón Juanambú, la salsa y la rumba, los ríos de verdad, el fantasma del cine, la Negra Cecilia y otras negras, el torrente de la Universidad Nacional, pintar paredes y echar discursos en asambleas generales y en los buses de Bogotá, vino todo, hasta aprender a robar libros y a beber vinos robados cantando a Piero, Serrat, Silvio Rodríguez, Charles Aznavour y, que pena, El gato en la oscuridad!
Pero todo termina. Hasta la alegría de vivir. Llegó la realidad. Renuncié al cargo de director de la Carrera de Economía en la Universidad Nacional y me fui a la cuarta guerra del Amazonas, como profesor de la universidad y militante de verdad. La revolución vendría desde el sur. Hasta que fui candidato a la Presidencia de Colombia porque El Sur también existe. Amazonia Viva es Colombia Viva (1998).
Sobreviví a los carcelazos (7), a las torturas (3), a la “toma de Florencia” por el M-19, sobreviví al aguardiente Tridestilado, a las novias clandestinas, a los amigos guerrilleros y a los condiscípulos coqueros. Sobreviví a mis angustias y a las fugas de los amigos idos.
En 1982 fui nombrado Secretario de Educación del Caquetá en representación del Movimiento Nacional Firmes, sin consultarme, por culpa de otro cura, monseñor José Luis Serna y acepté por una carta esclarecedora de Gerardo Molina que aún conservo: si ustedes tienen ideas sobre la cultura y pueden echarlas a andar, así sea en el gobierno de Belisario, es una traición no hacerlo -dijo el maestro. Después de esa extenuante gestión, viéndome de nuevo sólo y rezagado (cuando noté que en la izquierda también hacían clientelismo y mis condiscípulos de La Nacho estudiaban ya en Francia), decidí dedicarme de verdad a la Economía.
Adelanté estudios formales de economía en universidades de Buenos Aires, Campinas, Bruselas, Miami, Centroamérica (San Salvador-Managua), Andalucía y Barcelona, y aprendí mucho más enseñando en universidades de Ciudad de México, Miami, Buenos Aires, Caracas, Quito, Cuenca, Chihuahua, Bogotá, Florencia y en muchas otras capitales de Colombia.
Sobreviví a la burocracia estatal haciendo lo imposible de hacer como funcionario en el DNP, DAINCO, vicedecano y decano (e) de Economía de La Nacho, director de Relaciones Internacionales de Bogotá (Lucho Garzón), Subsecretario de Planeación de Bogotá, Secretario de Desarrollo Económico y director del IPES (Petrosky), coordinador de la Oficina de Paz en medio de la IV Guerra del Amazonas, consultor de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad cuando la guerra contra la verdad arreció, en el servicio diplomático en el mar de los Caribe que llegaron desde el Amazonas, entre otros logros y frustraciones.
Una experiencia sin par fue haber participado en la Expedición científica EN CANOA DEL AMAZONAS AL CARIBE, en 1987, con científicos de verdad de muchos países y colores.
Pero la vida, lo que se dice la vida, la dediqué a enseñar en las escuelas de primaria en la Amazonia cuando mi mamá, la maestra, no tenía tiempo; como rector-fundador del Colegio San Elena a los 19 años de edad por culpa de monseñor Ángel Cuniberti; catedrático en un colegio privado de Bogotá donde las niñas mayores pagaban un apartamento para las rumbas, muy bacanas; maestro de economía en las universidades de la Amazonia, la Nacho, la Javeriana, el Externado, la Universidad Internacional de la Florida, FIU, y otros chuzos.
Escribí mucha basura sobre economía y otras jodas, en libros, revistas y periódicos ajenos, que espero pegar en la página en construcción jorgepulecio.com que ya se puede visitar.
Me reencontré con la vida cuando nació mi hija, Laura. Había esperado morirme antes de los 30, por mano ajena. Entonces llegaron, ya tardías, la ganas de escribir para enseñar. En últimas, para que mi hija y después mis sobrinos y sobrinas lean mis artículos de prensa, revistas, libros y, sobretodo, para que aprendan a leer lo que no logré escribir. La memoria crítica.
En el epitafio en la tumba de mi padre aparece la palabra “colono”. En el de mi madre, “maestra”. El mío aún no ha sido escrito.
Kay-Ser
Ajustado en mayo del 2025.


