¡VIVA EL PARTIDO DE LOS ECONOMISTAS NEOLIBERALES!

¡VIVA EL PARTIDO DE LOS ECONOMISTAS NEOLIBERALES!

 

Permítanme una breve reflexión a propósito de la interesante proposición de Darío Indalecio Restrepo, que cito: “Uno de los cambios culturales más importantes ocurridos en este gobierno ha sido la desacralización de la tecnocracia, a la que se le nota la baba rabiosa anti popular, elitista, ortodoxa por no decir reaccionaria”. 

Supongo que Darío Indalecio se refiere en especial a los que podemos denominar la tecnocracia económica o, más precisamente, el Partido de Los Economistas Neoliberales, como los llamas en algunos medios. 

En efecto, los economistas desplazaron a los filólogos, poetas, abogados y clérigos en la construcción política e institucional de la Nación, desde que la industrialización intermedia y la agricultura empresarial desplazaron al país agrario, feudal, terrateniente y mono-exportador.  Para abreviar, solo destaco a Antonio García Nossa, asesor lúcido del General Rojas Pinilla, como pionero en ese proceso, pero hay muchos más.

Con Carlos Lleras Restrepo y los cepalinos subsiguientes, los economistas siguieron jugando un papel predominante, no solo en la definición de la política económica (que antes la formulaban abogados y algunos ingenieros), sino en la construcción de instituciones. El desarrollismo cepalino se consolidó con el papel protagónico del DNP y de la Junta Monetaria (Banco de la República), de nuevo como espacios predilectos de los economistas, en su tiempo de tendencia heterodoxa-keynesiana, aunque con López Michelsen y el ministro Rodrigo Botero comenzó la pugna por imponer políticas ortodoxas, de origen neoclásico.

Todo cambió con el advenimiento de “los muchachos neoliberales” que impuso César Gaviria. Aunque la Constitución Política de 1991 en su letra es una constitución garantista de derechos, los instrumentos de política económica creados, como la Junta Directiva del Banco de la República, con el mandato cerrado de controlar la inflación (posteriormente cualificado, es verdad) y la política económica aperturista de Hommes-Montealegre y sus muchachos, impusieron el reinado de los economistas neoliberales y de la “cultura” neoliberal, la que dominaba en la academia y la política desde los tiempos de Reagan-Thatcher. 

Para entonces, yo trabajaba en la División de Comercio Exterior del DNP. El día que FESCOL me publicó el libro “La Apertura en Colombia. Costos y riesgos de la política económica” (1991), donde criticaba ese neoliberalismo, subí al piso 14, le regalé el libro a Armando Montenegro y le entregué de paso mi renuncia al cargo. (El libro se puede consultar en el siguiente link: https://drive.google.com/file/d/1azTgCawtKEv3eh5FGiRPMtia35TCw4l0/view  ). 

En la academia hemos librado un debate -que ahora está ausente, desafortunadamente- entre ortodoxia(s) y heterodoxia(s), sobre la política económica seguida desde Gaviria (con algunos matices menores cuando Samper) hasta el presente Gobierno.

Lo que me importa destacar ahora, a propósito del llamado de Darío Indalecio, es que los muchachos neoliberales no “ganaron” el debate académico, pero sí arrasaron a nivel político y sobre todo mediático: construyeron un mega relato donde redujeron la ciencia económica al fundamentalismo neoliberal. Los medios de comunicación y hasta algunas universidades públicas, adoptaron la fe neoliberal. El Estado se redujo a su mínima expresión, solo reclamado para hacer la guerra contrainsurgente y salvar a las grandes empresas en las crisis; se flexibilizó hasta pauperizar los contratos de trabajo (lo que se intenta revertir ahora con la reforma laboral, la pensional…); se privatizaron las empresas y entidades públicas construidas para impulsar la industrialización y la política agraria desarrollista, cepalina; se liberó el comercio exterior y se privilegió la inversión extranjera vía TLCs; los servicios públicos se privatizaron al máximo, educación, salud, pensiones, acueductos, alcantarillado, residuos; se promovió la fusión de las empresas nacionales con las multinacionales, minimizando el empresariado nacional; se mantuvo el salario real muy cercano a la pauperización, mientras las ganancias de productividad se acumularon en las empresas; en fin, la economía se reprimarizó, dependiendo de exportaciones de carbón, petróleo, oro y productos agrícolas, en particular café, flores, banano, cocaína, amapola y marihuana; el país se dedicó a exportar mano de obra (lo que incluye mercenarios) y a vivir de las remesas, entre otras realidades generadas por el neoliberalismo. 

El problema que enfrenta hoy el Partido de los Economistas Neoliberales es que mientras ellos cosechaban cargos y títulos en universidades estadounidenses, el mundo cambió y sus políticas económicas ya no concitan el relato ganador, ni siquiera en Estados Unidos. 

El mundo unipolar, al que le apostó el TLC Colombia-Estados Unidos como modelo de inserción internacional dependiente, está en transición hacia algún tipo de multipolaridad, aún en construcción. Toda Suramérica se articuló a la emergente China y le apuesta a Europa, con algún Tratado comercial MERCOSUR-Unión Europea, antes que a un TLC o ALCA con Estados Unidos. Colombia con seguridad debe también diversificar sus dependencias para poder mantener algún tipo de soberanía. Cualquiera que sea el próximo gobierno, y creo que será dirigido por Iván Cepeda, tendrá que acercarse más a China, India, Japón, África y Europa, para poder mantener unas relaciones creativas y sólidas con Estados Unidos. 

El segundo grande fracaso de los muchachos neoliberales y su Partido, es que cuando ellos predican que “la mejor política industrial es no tener política industrial”, y condenan los subsidios al agro porque es mejor comprar alimentos “baratos” a Estados Unidos o Canadá, el presidente Trump les cambió la receta. Él sí quiere hacer política industrial, para lo cual utiliza, entre otros instrumentos, el proteccionismo arancelario. 

No he escuchado a los Cárdenas, Montenegro, Hommes, Carrasquilla, etcétera, salir a condenar a Trump porque “no sabe de equilibrio general”. Están calladitos. El último y más radiante de los muchachos neoliberales es Milei. Esta semana predicó que está bien que las empresas contaminen los ríos, pues el agua no tiene costo y es abundante. Así que contaminar un río puede alterar el equilibrio parcial, pero lo que importa es el equilibrio general. ¡Cómo me encanta el lenguaje neoclásico de los muchachos neoliberales! 

¡Que viva el Partido de los Economistas Neoliberales! Pero que viva retiradito.